lunes, 22 de octubre de 2012

La verdadera historia de SlenderMan.


La noche había caído sobre el bosque, apenas podía ver las estrellas y ahora con unos seis papeles arrugados entre una de mis manos corría, dándome igual a donde alumbrase la linterna totalmente asustado. Oía de fondo algo parecido a unos  bongos que tenían un ritmo familiar, pero daban tantísimo miedo, además decían que en aquel bosque pasaban cosas extrañas, pero la pregunta es...¿Cómo llegué a esta situación?

Había estado días encerrado en mi casa estudiando y tras pensarlo me apeteció ir a dar una vuelta, a un sitio en el que no estuviesen mis molestos padres y el único que se me ocurrió fue el bosque, aquel oscuro y tenebroso bosque en el que muchos niños terminaban perdidos y regresaban algo paranoicos diciendo que un hombre delgado había tratado de capturarlos. Supongo que al ser un pequeño pueblo las clase de historias que se inventaban no eran del todo ciertas, aunque esos niños si que eran raros.
Pero en fin ¿qué más podía hacer? Ir a la aventura. El sol se ponía, escondiéndose entre los árboles y me vi obligado a encender la linterna, iba tranquilo escuchando mis propios pasos cuando me encontré con un árbol gigante sin una sola hoja y con ramas gigantescas. 
Como no, movido por la curiosidad me acerqué y tras ojear con la linterna pude encontrar una pequeña nota  en este, se había quedado trabada en una de las grietas de la corteza.

                                                              Leave me alone 

Y luego tenía un par de garabatos, alcé una ceja extrañado, aunque seguramente serían los niños jugando hasta que me di cuenta de que por la otra cara del papel había una partitura, parecía de percusión al ser tan seguida e igual, pero sinceramente nunca he sido muy dado a la música.
Pasaron las horas y tras seguir caminando seguía encontrando más papeles, todos con partituras en la otra cara y frases sin sentido además de garabatos.  De vez en cuando oía un sonido parecido al de unos bongos pero bastante lejos. No me extrañé, seguramente era porque me estaba empezando a dar algo de miedo y estaba sugestionado hasta que vi una nota que era algo diferente a las demás.

No eyes. But always watching

¿Qué clase de broma era aquella? ¿No tiene ojos pero siempre mira? Eso era tan imposible e lógico que parecía irreal, además tenía dibujado un rostro pero sin facciones sin nada, como si fuese un maniquí. Suspiré un poco y le di unos golpecitos a la linterna que quería apagarse y descansar. Entonces fue cuando le vi, levanté la linterna dispuesto a seguir caminando un poco más cuando vi unos mocasines negros y oí de nuevo aquellos bongos cerca de mí, tan cerca que los tenía enfrente, pero no pude ni moverme. Estuve unos segundos quieto y luego salí corriendo con la linterna apuntando al suelo arrugando las partituras entre los dedos. Idiota de mí, miré hacía atrás y la imagen más bizarra chocó contra mis globos oculares. Un tipo alto y muy delgado tocaba con los bongos el ritmo de una canción bailando algo parecido a lo que haces al montar a caballo, acercándose rápidamente a mí. ¿Qué puta broma era esa? Aquello cada vez me producía más dolor de cabeza.
Paré, jadeante delante de algo parecido a unos baños públicos en medio del bosque, pero solamente era una casa de azulejos en mitad de la nada, pero el sonido de los bongos desde el bosque no decía nada bueno y con el corazón galopante me adentré en el aquel lugar.

Cada sombra, cada luz, cada movimiento me daba miedo, ¿quién era ese hombre que había visto antes? ¿Sería cosa de mi imaginación? ¿Y si eran sus partituras? ¿Por qué tocaba los bongos? Mi cabeza comenzaba a nublarse, eran demasiadas preguntas que no podía pararme a pensar en ese instante. Decidí respirar hondo y calmarme pero entonces oí de nuevo los bongos y ahora un teclado haciendo un sonido estridente que me hizo girarme, allí estaba, un ser bestialmente delgado y alto, parecía una viga, pero sus manos, su rostro...era blanco, blanco como una pared, como la nieve. No tenía expresión, no tenía ojos, ni si quiera tenía boca ahora que me fijaba bien en aquel tipo. Paró de tocar los bongos de manera abrupta y después no sé que pasó, pero mi mente se desvaneció.

No sé cuanto tiempo pasó después, pero desperté en una casa, bueno más bien era una mansión enorme aunque de nuevo, apenas había alguna luz. La cama era algo dura y me levanté con la cabeza algo pesada y traté de mirar toda la habitación, esta vez solamente oía la lluvia y los truenos de fondo, pero en aquel lugar solamente con un armario, una cama y un piano de pared no había nadie más.
Suspiré un poco y entonces descubrí algo parecido a las notas que había visto en el bosque, aunque ahora estaban escritas de manera coherente y las cogí sentándome en la mullida butaca del piano para leer, parecía una historia, ¿pero de quién?

Me llaman SlenderMan y esta es mi historia. Soy un ser sin rostro y al ser tan delgado recibí ese nombre, no sé que mujer me parió y tampoco sé que mujer me matará de amor, pero la música. Oh la música mi única musa ha sido la única capaz de atravesar mi duro corazón de mármol helado. Iba a clases de solfeo, pero mi aburrimiento era tal que detrás de las partituras hacía dibujitos y escribía frases sin sentido que de manera indirecta describían mi propio ser. Pero quizás me esté adelantando a los acontecimientos, si posees estas memorias es que estás en mis dominios, en mi mansión interrumpiendo mi momento de ensayo con el piano. Supongo que como todos los que se desmayan ante mi te preguntarás que hacía en el bosque, te lo contaré.
A veces uno encuentra inspiración en las cosas más  simples y una de ellas es el bosque, su tranquilidad, su paz. Estaba de acampada en el bosque pero una impertinente ráfaga de viento se llevó mis partituras y tú, maldito mortal incrédulo me las has robado.  Eran mis partituras de una nueva canción que descubrí navegando por internet y la canta un koreano algo loco, pero conseguí sacar la melodía para los bongos y lo estaba practicando en el bosque con el baile y todo.
En esta casa deberás encontrar doce mementos y un número de llaves para poder escapar de aquí con vida...sino morirás...

Terminé de leer la carta sin poder creérmelo, ¿qué demonios? ¿Qué clase de loco haría eso? ¿Además cómo sabía que yo había cogido sus papeles? ¿Acaso me estaba vigilando? ¡Pero si no tiene ojos! Además ¿cómo puedo escribir si no tiene ojos para poder ver lo que hace? ¿Navegar en internet? Pero si no tiene cara ¿cómo demonios va a ver algo? 
Oí un trueno que me hizo saltar y que los papeles volasen por toda la habitación del salto que di, me había asustado. Suspiré y me levanté, dispuesto a buscar la salida de aquella casa, pero la linterna había perdido potencia y ahora apenas veía algunas habitaciones con un tenue color amarillento y en los pasillos apenas veía nada. Cerró los ojos un instante y bajé a lo que parecía un sótano, con los contadores de electricidad. Iba tranquilo, sin hacer ningún ruido, mirando una llave pequeña y de acero, aunque algo oxidado que me había encontrado, seguro que abría alguna puerta. Entonces me giré, levantando un poco la linterna y de nuevo se acercaba aquel ser tan bizarro, bailando algo parecido al movimiento que haces al montar a caballo, tocando una música pegadiza con los bongos y un teclado portatil con unos tentáculos negros que tenía por la espalda. Solté la linterna paralizado por el miedo y mientras aquel ser se acercaba la canción poco a poco se metía en mi mente, sin poder dejarme pensar...poco a poco iba recordando aquella letra que me resultaba tan familiar...

                                           OP OP OP OPPA GANGNAM STYLE!

Me levanté de un salto de mi cama, gritando asustado para echar un vistazo a mi habitación, era  mi casa, mi cuarto, mi vida...aquello había sido solo un sueño. Pero no pude evitar recordar a aquel ser y empecé a reírme a carcajadas. ¿Qué demonios había sido eso? ¡Era patético! Seguí riéndome por un buen rato, para luego dejarme caer sobre la almohada y sonreí cerrando los ojos. Sí, sería divertido que SlenderMan apareciera bailando eso, muy gracioso...

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